Recordar un viaje es la etapa más invisible del proceso viajero, pero también la más transformadora. La memoria no solo guarda lugares. Guarda versiones de vos mismo
Es donde todo lo planeado cobra vida, donde aparecen las emociones reales, donde el destino te sorprende, te exige, te enseña, te mueve.
Soñar un viaje es mucho más que elegir un destino. Es imaginar una emoción, una historia y una versión de vos que todavía no conocés.